Tombuctú, una sombra de lo que fue

 

Tombuctú se encuentra situada en el centro de la República de Malí, apodada como ‘La ciudad de los 333 Santos’, tiene aproximadamente unos 38.000 habitantes y está a 260 metros sobre el nivel del mar. Debido a su ubicación, es un punto de encuentro de áfrica occidental, los países árabes del norte y los bereberes.

La Tombuctú actual no tiene nada que ver con la legendaria ‘Ciudad de Oro’ que en su momento fue. Hoy en día, Tombuctú tiene 3 grandes mezquitas, que durante los siglos XV y XVI se dedicaron a propagar el islam por toda África. También cuenta con la Universidad de Sankore, la cual tiene bastante prestigio. Actualmente Tombuctú tiene algunos problemas económicos y de otra índole, como son las frecuentes tormentas de arena debido a su proximidad con el desierto. Además, al tener a 6 kms el río Níger, cuando sufre las crecidas la ciudad queda totalmente aislada, pudiendo sólo acceder o salir de ella en barco o bien cruzando el desierto.

Turísticamente hablando, Tombuctú ha ido perdiendo fuelle, de los muchos turistas anuales que se acercaban a contemplar la ciudad, apenas se acercan cuatro frikis actualmente. Por ello, el Gobierno de Malí creó en Tombuctú un aeropuerto, esperando relanzar de nuevo la ciudad y darla a conocer internacionalmente.

Antes de ir a Tombuctú y dedicarse a comprar las típicas esculturas de madera, artículos de cobre, lana o máscaras, deberá acudir a su médico y preguntarle sobre cómo actuar, si debe vacunarse o no, aunque por lo general, muy posiblemente le diga:

 

Vacúnese. Contra la malaria, la fiebre amarilla, la rabia y la hepatitis. Contra la malaria no hay un medicamento 100% efectivo, existen antipalúdicos que ayudan a protegernos. Los mosquitos que transmiten la enfermedad, tienen el hábito de alimentación nocturno, así que debemos tener a mano repelentes, mosquiteras e insecticidas para protegernos  mínimamente.

Absténgase. De beber leche que no haya sido hervida previamente o que no esté embotellada.

No beba . Agua sin esterilizar, ni coma verdura o frutas sin cocinar, su intestino se lo agradecerá, créame.

 

En 1824, en París una institución retaba a demostrar la existencia de la ciudad de Tombuctú, ofreciendo un suculento premio de 10.000 francos franceses. René Caillié, partió para África en busca de ‘La Ciudad de Oro’. Iba disfrazado de árabe, con una copia del Corán, donde guardaba sus anotaciones. Después de 4 años llegó a Tombuctú, pero su decepción fue mayúscula. La ‘Ciudad de Oro’ consistía en casas en ruinas construidas de lodo. No encontró oro en los tejados ni en el pavimento, como se suponía que había. Regresó después de más de 1500 kms atravesando el Sahara y Marruecos. La única prueba de la existencia de Tombuctú fue el boceto que hizo y sus detalladas anotaciones.

El clima en Tombuctú suele ser extremo. De junio a septiembre es temporada de lluvias. De marzo a mayo sufriremos un calor bochornoso, llegando a 40ºC tranquilamente. Además, el viento seco o harmattana como aquí se conoce, es bastante polvoriento y caluroso como no podía ser menos, ya que sopla desde el Sahara, aunque sólo da mal durante un par de meses al año, de diciembre a febrero.

Me encanta coger el coche y perderme durante horas por carreteras secundarias. Karateka en excedencia, escritor de obras amenas y en ocasiones, desternillantes. Informático 3 en 1 -diseñador, programador, administrador de red-. Padre, marido, taxista familiar. Criptomaníaco convencido.

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