Relaja tu cuerpo, mejora tu salud

 

El agua ha sido representada simbólicamente desde la An- tigüedad como fuente de juventud por su poder regenerativo y purificador asociado a elementos divinos, sagrados y religiosos. Así, el binomio agua y salud, llevado a la máxima expresión por romanos y musulmanes, y recuperado en la Edad Contemporánea, ha sido una constante en la historia de Al-Andalus, territorio inmensamente rico en manantiales de propiedades mineromedicinales. Pero si hubiese que señalar un enclave donde esta Cultura del Agua llegó a ser, y aún lo es, toda una seña de identidad, éste sería, la provincia de Granada. Los numerosos baños árabes, restos de termas romanas, aljibes, fuentes, piscinas naturales y acequias son la mejor muestra del esplendor que alcanzó.

Nada sabían de balnearios, spas o tratamientos de hidroterapia los primeros pobladores de la provincia, quienes descubrieron, aunque de forma fortuita, las propiedades curativas del agua. Después de observar que los animales enfermos que bebían de determinados manantiales con olores y sabores extraños sa- naban, comenzaron a imitarlos, iniciando el culto a lo que para ellos se convirtió en un elemento sagrado. En torno al moderno Balneario de Alicún de las Torres, se han hallado restos que vienen a confirmar la teoría del poblamiento de la zona al amparo del calor de sus aguas termales.

Balneario Granada

Griegos y romanos asociarían el elemento líquido con el cumplimiento del rito diario del culto y la exaltación del cuerpo, convirtiendo además las termas, antecesoras directas de los baños árabes, en ámbitos de intercambio social, cultural y comercial. Los patricios de la entonces provincia Bética hicieron de estos lugares de divertimento y cura toda una forma de vida, erigiendo las numerosas muestras por todo el territorio granadino, de las que se han conservado restos en Almuñécar, La Malahá, en Íllora y en Lecrín. En estas últimas, denomi- nadas Termas de Talará y declaradas Bien de Interés Cultural, se pueden apreciar aún estructuras visibles del frigidarium situado en un patio descubierto y formado por una piscina circular.

Tanta era la importancia que el Imperio Romano daba a estos espacios que no dudó en emplear a sus principales ingenieros para realizar importantes obras hidráulicas que canalizaran las aguas de estos manantiales. Unas construcciones tan monumentales como el Acueducto de Almuñécar, del s. I d. C. del que, en la actualidad, aún están en uso alguno de sus tramos.

Esta infraestructura fue perfeccionada al milímetro y utilizada por la cultura andalusí, máxima artífice de la importante red de acequias y aljibes de la provincia. Así, a través de la Acequia de Aynadamar se conducía el agua del Manantial de la Fuente Grande o “de las Lágrimas”, en Atarfe, hasta los mismísimos Baños y Jardines de la Alhambra y El Generalife. Otros ejemplos son la Acequia de Dorabulcilo en Cúllar Vega, la Acequia Real o de Tímar, en La Alpujarra o la Acequia del Rasmal en Benamaurel, entre muchas otras.

 

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Fuente: Turismo de Granada.

Me encanta coger el coche y perderme durante horas por carreteras secundarias. Karateka en excedencia, escritor de obras amenas y en ocasiones, desternillantes. Informático 3 en 1 -diseñador, programador, administrador de red-. Padre, marido, taxista familiar. Criptomaníaco convencido.